Más de 15,000 lobbyistas profesionales vagan actualmente por los pasillos de las instituciones de la UE, una gran mayoría que represente los intereses corporativos. Sin regulación eficaz de la transparencia y ética de lobby, la influencia de los grupos de presión corporativos sobre la política europea ha quedado fuera de la vista pública.
Con demasiada frecuencia, los grupos de presión corporativos se han concedido un acceso privilegiado a los determinantes de la UE, frecuentemente resultando en el desplazamiento, debilitamiento o bloqueo del desarrollo necesario en cuanto a la regulación social, medioambiental y la protección del consumidor.
Vínculos estrechos entre las instituciones públicas y el sector corporativo se configuran cuando determinantes políticos cambian puestos del servicio público al sector lobby, o cuando han adquirido intereses económicos que conflictan con su obligación de actuar en el interés público. La influencia corporativa sobre el proceso de determinación en la UE causa preocupaciones serias sobre su imparcialidad y principio democrático.



